viernes 6 de noviembre de 2009

Maldito, alucinado y heterodoxo: Parte III



PARTE III: De cómo complete mi formación intelectual/espiritual de manera azarosa y luego conseguí la inmortalidad a la vez que tuve una hija adorable.


Hermanos, después de mi larga y triste ausencia, he decidido volver al templo.
Ya es conocida mi tendencia a los retiros y lo que me cuesta salir de la misantropía característica de anacoretas como yo.
Pero, bueno, aquí estoy,
Seguramente, se preguntarán qué tal mi vida de casado, cómo fue el origen de Yararán y cómo siguen mis memorias.
Bien, vamos por parte.

La luna de miel fue un fracaso absoluto. La pésima convivencia, más el celibato forzado, más el carácter inaguantable de mi última esposa (cuyo nombre me agota las energías de sólo recordarlo) me empujaron a tomar una decisión drástica.
Si, pensaron lo mismo que yo (veo su cara de pilluelo tras el órgano de viento, Frank...).
Pero como ya no estoy para esos trotes, tuve que llamar a un viejo amigo para que hiciera el trabajo por mi.


Ed Gein, un viejo amigo del reverendo. El se habría encargado de convertirlo en viudo nuevamente

Bueno, no creo necesario explayarme más.
Los resultados saltan a la vista:



Dicen que una imagen vale más que mil palabras. En la foto, la última esposa del reverendo, después de la inesperada visita de Ed Gein (contrataciones al 156507035)

El regocijo que se produjo en mi alma al volver a ser un hombre libre y autónomo sólo es comparable al dolor que sentí cuando perdí a mi amada Valérie, pero a esa historia ya la conocen.

Por lo tanto, pasaré a relatarles qué pasó desde que huí de Cavender Hill luego del terrible crimen de Monsalvo y la pequeña Darlene.

Corría el año 1904.
Me hallaba sólo, desorientado, inseguro y más anacrónico que nunca en un mundo donde había máquinas rodantes, cosos a vapor, negros que se vestían como blancos y un extraño invento llamado biógrafo (que no se por qué ahora le dicen cine).

Símbolo desconocido

Durante cierto tiempo me dediqué a seguir con mis estudios de las artes oscuras... transité los tórridos caminos del espiritismo (muy de moda en esa época, por cierto), luego aprendí a transmutar metales, invocar espíritus para deshacerme de mis enemigos personales (imaginen lo que me costó adaptarme a los gustos de la época, luego de vivir cuarenta años recluido en el bosque) y, por sobre todo, a viajar por toda América.

El reverendo Kane durante unos de sus viajes a las reservas Sioux

Finalmente, y luego de hartarme de las prostitutas polacas de la zona portuaria, descubrí que necesitaba vivir algo realmente especial.

Y entonces sucedió lo que cambiaría mi vida para siempre.

Conocí a Lilith

Lilith

Ella era un demonio hebreo, la mujer primigenia, la primera esposa de Adán... asesina de niños en la antigua Roma... ¿Cómo no enamorarme de ella?

Lilith, retratada por Dante Gabriel Rossetti

Lilith: Fotografía tomada por el reverendo en 1912
(coloreada a mano por Jan Saudek en 1954)

Lilith era todo lo sobrenatural que yo podría haber buscado en una mujer

Representación zodiacal de Lilith

Ella era más malvada de lo que jamás podría haber soñado. Generaciones enteras de nigromantes la adoraron sin poder conseguir siquiera que se apersone.

Lilith, retratada por Hans Rudi Giger en los años '70

Después de un buen número de sacrificios humanos y de mucha, muchísima paciencia... apareció ante mi, majestuosa como la humanidad la recuerda desde la noche de los tiempos.

Antigua altorrelieve mesopotámico representando a Lilith

Lilith en el comic

EL demonio femenino más irresitible de todo el panteón occidental se entregó a mi y yo le di lo mejor de mi (me refiero a mi semilla). Fornicamos hasta el total agotamiento y después se borró de mi vida, sumiéndome en un vacío del que me costó muchísimo tiempo salir. Y esto viene a tema de cómo salí.

A los nueve meses de nuestro breve pero sumamente intenso affaire sobrenatural, Lilith me buscó y me entregó esta hermosa bebita:

Yararán, de bebé

Me dijo que no se podía hacer cargo, que se sentía demasiado joven aún como para arruinarse la vida criando al fruto de nuestro vicio carnal, que tenía ganas de seguir conociendo gente y que la nena era demasiado agresiva, que no estaba segura si era hija mía, pero que como yo era el que más se le parecía, debía dejarla a mi cargo. Acto seguido, me dijo que debía retirarse a visitar una prima a la que extrañaba muchísimo y a la que no veía hacía tres días.
Y antes de borrarse de una vez para siempre jamás, le dije que al menos repitamos la secuencia amatoria de la vez anterior así yo sentía que no me salía tan cara la experiencia anterior. Pero muy seria me dijo:

"Mirá, yo no te quiero lastimar, por eso prefiero no volver a tocarte ni con un brazo mecánico"

Y yo:
"Pero Lilith... acaso estuvo tan mal?"

Ella:
"No, para nada, tal vez lo más pasable en los últimos 1200 años, pero ese no es el tema, simplemente que me resultás aburrido y yo siento que si viví desde el origen de la creación es porque estoy para más... ¿Entendés?"

Y yo:
"Pero... si intentamos...?"

Ella:
"No, te juro que si hubiese sido hace 4500 años, te digo que si... pero ahora estoy en otra etapa... igual, no te hagás problema... no quiero que me odies, así que te haré dos regalos que compensen el clavo de la nena"

Acto seguido, me mordió y me dijo:
"Te condeno
a la vida eterna (también llamada muerte en vida, pero es sólo una etiqueta) y te regalo la insatisfacción sexual eterna (también llamada satiriasis, quiere decir que nunca te vas a saciar y nadie querrá tener nada con vos) para que te hagas una idea de lo que es no hallar la satisfacción... aunque tiene su lado positivo, porque te obligará a estar en perpetua búsqueda..."

Lilith otorgando la vida eterna, versión de Edvar Munch

Bien, así que nunca más volvió a aparecer en mi vida más que para mandar una postal preguntando cómo estaba todo, yo le decía: "Bien, me he convertido en el primer padre soltero de la historia" y ella me respondía cosas como "Qué bueno que seas pionero en algo!"

La pequeñita era de verdad agresiva, chinchuda y no paraba de reaccionar de manera violenta ante cualquier cosa. Dada la extraña característica de poseer colmillos huecos con bolsas de veneno (no olviden que, después de todo, es un híbrido entre un sureño oscurantista con un demonio hebreo), la llamé "Yararán".

Cuando creció, se convirtió en una mujercita tan preciosa como malvada.

Yararán con 14 años
(se parece a Elisa Gagliano acá, debo recordar que es mi hija, debo recordar que es mi hija!)


Al igual que yo, es inmortal, aunque con derecho de cuna (además, no envejece, yo si!).
De Yararán sólo les contaré un par de cositas (ya que puede matarme si me excedo en mis declaraciones sobre su vida). Desde muy pequeña demostró tener un gran talento para el manejo y elaboración de venenos, por lo cual decidí instruirla por mi cuenta hasta que ya le hube enseñado todo lo que sabía al respecto, no me quedó otra que mandarla al país de Bohemia a estudiar una maestría en el tema con un amigo que prefiere mantener el anonimato (es sospechoso de haber acabado con varios Papas).
Además de la agresión desmedida y la total carencia de paciencia, Yararán se caracteriza por emanar una rara feromona que literalmente desquicia a los hombres y los tiene comiendo de su mano antes de que ella se aburra y decida darles un horrible final.
Y después, claro, está el glamour. Ella es toda una princesa.
Les dejo un hermoso álbum de fotos:


Yararán retratada por Andy Warhol

Yararán con cara de: "Seguime jodiendo y te voy a cagar a tiros"

Yararán a punto de pasar a cuchillo a un tipo que no se portó como debía

Yararán encabezando una movilización en el Mayo Francés

Yararán en sus épocas de escuela secundaria.
Se dice que fue ella quien inventó la moda dark, luego emo

Con su tío Alfred: "Vos sos Alfred? el alter ego de Frank???
Pero si sos un clon de Alfred Hitchcock, JaJaJAJAJ!!!!"

Yararán sosteniendo a un amigo mientras el veneno le hace efecto

Yararán posando: "Soy una viuda negra española"

Yararán en sus épocas de modelo

Yararán en la ópera:
"Ay, ay... ese pelado que está al lado mío se parece a Yul Brynner...
no me tengo que reir, no me tengo que reir"



Más madura y reposada, pero conservando su belleza eterna, abandonó su carrera de asesina serial cuando conoció el amor de la mano de un exitoso abogado de la firma Pierce & Pierce.
Hoy vive en NY y escribe cada tanto.

Como decía la canción "Los chicos crecen, nos vamos poniendo viejos..." . Cada tanto me escribe y yo la extraño como un hijo de puta, pero a la vez soy feliz de que ella esté bien y que haya dejado de diezmar a grandes empresarios y políticos clave


Yararán en la actualidad.

El haber pasado tanto tiempo sin escribir me hace doler los huesos de la mano. Por lo que debo despedirme por hoy.
Pero les adelanto algo del próximo capítulo:

"De cómo el reverendo conoció a Frank y se hicieron socios durante mucho tiempo"

"El trabajo libera". Ese cartel fue un diseño de Frank para Auschwitz. Allí lo conocí

Postal de otras épocas: Frank y los durs posando para una celebración local.
Los viejos, buenos tiempos. De izquierda a derecha:
Enano, Ananda, Morocha, Chicas desconocidas, (al medio, sonriendo, Frank),
Edur al acordeón, Tata al fondo, del resto no me acuerdo.


BENDICIONES!!!

Dedicado a Yararán

lunes 7 de septiembre de 2009

Seminario en Artes Oscuras y Otras Hierbas

Comienza este viernes,
será dictado por nuestro entrañable maestro
Xaber

miércoles 8 de julio de 2009

Perversa Luna de Miel















Así es, hermanos, a todo hombre le llega el momento de echar raíces.
Esta vez, fue mi turno.

Rev. Henry Kane con Guillermina a la salida de la ceremonia
(ella insistió con el look años '60, él con una foto en blanco y negro)
Quiero anunciarles que me ausentaré por unos días con motivo de mi luna de miel.
Miel, es elaborada por las abejas con el polen de las flores silvestres


El pasado viernes 3 de julio, en una ceremonia privada (oficiada por el colega Xaber, según la tradición francmasónica, ver fotos en la columna derecha), Guillermina y yo unimos nuestras vidas en sagrado matrimonio.

El Paraíso, cruz Chica Córdoba (Vista de frente)

Por esta razón, he decidido abandonar mi residencia en la Misión de Guinea Ecuatorial (otro día comentaré cómo llegué ahí) y mudarme a Córdoba. Pero antes de eso, cumpliremos con el viejo ritual de la Luna de Miel.

Hidromiel, bebida alcohólica preparada por los familiares de los novios con la finalidad de embeber a la flamante esposa con dicho brebaje para que el marido lo quite con la lengua, noche a noche, entre luna llena y luna llena.
De ahí el término "luna de miel"


El Paraíso, Cruz Chica, Córdoba (Vista trasera)


Para tal menester nos fue gentilmente prestada la casona colonial de El Paraíso, antigua morada del escritor Manuel Mujica Láinez, hoy convertida en museo.


Manuel Mujica Láinez (1910-1984)




El Reverendo Kane (con el pelo más crecido y algo más informal que de costumbre)

y Guillermina (cansada por el peso del bolso) llegando a Cruz Chica


Guillermina, distendida, lee en sus ratos libres un volumen de Rainer Maria Rilke



El Reverendo estaría tan contento que habría dicho

"Adiós brandy barato, bienvenida flauta aborigen"


La boda: "Che, dice el Reverendo que está en camino,

hace una hora mandó un mensaje que estaba a cinco minutos de acá"

A todos los que asistieron a la boda, muchas gracias, (búsquense en la columna de la derecha, es casi un facebook) espero sus bendiciones en el libro de firmas.

Xaber: "Los declaro marido y mujer"




La cena fue todo un éxito, se sirvieron los platos más exquisitos regados por los vinos más selectos

y todos bebieron como esponjas y comieron como cerdos.


Durs:
Frank y sus buenos muchachos se habrían encargado de la seguridad a lo largo del evento.




Un Xaber algo pasadito de copas intenta bendecir a Ananda y La última de la fila,

que para ese momento ya habían perdido completamente el control


El día después de la boda: Foto tomada por Walterio al amanecer del día siguiente.
¿Alguien se anima a buscar uno por uno a los invitados?
MEMORANDUM: A no alarmarse, a mi regreso, subiré una doble entrada que incluirá el tercer capítulo de mi biografía en donde cuento el origen de Yararán junto con el evento que me llevó a ser innmortal casi de casualidad y, enlazado a manera de crossover, un capítulo extra con la crónica del embarazo de Yararán. Y, por supuesto, el dato que todos esperaban: Quien es el responsable del embarazo que me convertirá en abuelo por partida doble. Los espero en breve, hermanos. ¡Bendidos sean todos!

martes 30 de junio de 2009

Maldito, alucinado y heterodoxo: PARTE II

Hermanos, peregrinos y visitantes misceláneos.
Buenas noches.
Como lo prometido es deuda y suelo ser esporádico, los dejo a solas con la segunda parte de mi autobiografía. Así, en seco, sin más. Que la disfruten.

Dale click y acompañá tu lectura con la banda sonora de Los años de Aprendizaje:



PARTE II

Perdido en el bosque. La Orden del Pentáculo Negro. Los años de iniciación. Ruptura con el Pentáculo y algunas pistas sobre el origen de Yararán.

Bosques de Maryland, en la actualidad

Bosques de Maryland, 1865

Después del asesinato de mis padres a manos de las hordas del norte- allá por el '65- decidí refugiarme en los bosques de Maryland. Pocos lugares en el mundo conocido hay tan siniestros como ese. La vieja máxima que dice "Lo más hondo que uno puede entrar en un bosque es por la mitad, porque luego está saliendo" se cumple en todas las zonas del planeta. Excepto ahí, claro está.

Llevaba unos diez días peregrinando sin rumbo en ese bosque abominable y dejado de la mano de Dios, cuando el frío y la escasez de comida (me alimentaba de bayas y frutos silvestres) me empujaron al borde de la extenuación y la muerte.

En ese momento, divisé una casona, perdida entre el follaje y no estaba seguro de si alucinaba o no. Mis padres me enseñaron siempre a no acercarme a hogares desconocidos sin anunciarme antes. Mi madre- siempre tan didáctica, ella- me mostraba cómo usaba con maestría las tenazas con los visitantes inoportunos, mendigos y peregrinos en busca de refugio. Pero el hambre y el cansancio pudieron más. Y me acerqué.

Cavender Hill, sede oficial de la Orden del Pentáculo Negro durante el siglo XIX


La casa era enorme y de un estilo inglés bastante tosco. No obstante, golpeé la puerta. Como nadie me atendía, rodeé la casa y me encontré con los miembros de la Orden, sentados, tomando el té de las cinco.


Miembros de la Orden del Pentáculo Negro durante el Five O'Clock Tea
(circa 1870)

Los miembros de la Orden se sorprendieron al ver cómo me acercaba con tanto desparpajo y sin miedo. Más adelante me contarían que, si no los hubiese sorprendido así, hubiesen usado mi piel para confeccionar carpetas para el moviliario de la sala principal de la abadía. Con el correr de la conversación y una vez que les hube relatado mi origen y la condición de mi familia y de cómo fuimos atacados por las tropas del norte, los cofrades me expresaron su simpatía por mi y la ternura que les despertaba por ser tan joven y dúctil (al menos, a ojos de ellos). Ellos también sufrían persecusiones políticas y debían tener mucho cuidado con salir del bosque. El general Custer quería cargárselos a todos. Los hermanos del Pentáculo me hablaron de su visión particular de la justicia y el orden cósmico, de su amor a los castigos corporales, de la magia sexual y de las diferencias entre razas y especies humanas (y la función de cada una en la cadena alimenticia). No había caído la noche y ya me habían ofrecido formar parte de la comunidad.

El General Custer con algunos de sus hombres más capacitados.
Los envió en misión secreta tras los pasos del Pentáculo Negro.
Nunca se supo de ellos.
Ah, no, perdón, si, con la piel del de sombrero tapizaron
un sofá. Quedó pipi cucú. De los otros, no se supo nada.

Desesperado por mi incapacidad para sobrevivir por mis propios medios (siempre fui de consistencia delgada y menuda, como se habrá visto) y desilusionado de una nación que transitaba un camino de decadencia, integración racial y apertura económica, no me quedaba otra opción. Acepté y desde ese día- y por un buen tiempo- fui un hermano de la Orden del Pentáculo Negro.

Si, el de la derecha soy yo (era mucho más joven entonces)
en el día de mi graduación como Iniciado.


Al día de hoy- y haciendo un balance objetivo- creo que aprendí mucho de ellos. Desde cómo decorar un living, algo de fotografía en sepia y platos raros, hasta técnicas de tormento, teología avanzada, invocaciones de diversa índole, hechizos y prolongar la vida humana por tiempo indefinido (aunque no fue ahí cuando me volví como soy, cosa que contaré en un capítulo futuro). Pude disfrutar de las instalaciones durante todo el tiempo que quise y era un lugar bellísimo una vez que uno se acostumbraba a vivir ahí.

Jardín trasero de la abadía secreta de Cavender Hill.
Solían usarse para paseos de meditación, meriendas religiosas
y sacrificios humanos.


Aunque suene extraño, también tuve oportunidad de trabar relación con personas que luego tendrían fama mundial, como Aleister Crowley, Gerald Gardner, Henry Longfellow, entre otros. Las teorías que dicen que Gurdjeff fue parte de la Orden son todas mentiras.

Gerald Gardner. Era un chiflado mala onda terrible. Creó la religión Wicca

Aleister Crowley. Era un tipo raro. No me caía muy bien porque siempre me tiró onda.
Esta foto se la saqué poco antes de irme de la Cofradía. Crowley fundó la Astrum Argentum,
aunque también perteneció a la Ordo Templi Orientis, Hermetic Order Of The Golden Dawn y
el Templo de Isis Urania. Era demasiado cholulo para mi gusto.


Durante unos años, todo anduvo bien. No pienso revelar más secretos sobre la Orden, dado que sigue en actividad y se han vuelto más sanguinarios con el tiempo. Nunca está de más tenerlos como aliados. Pero todo romance tiene que terminar algún día y el mío con los cofrades del Pentáculo Negro terminó gracias a Monseñor Diego Salvo, un funcionario católico español renegado, cleptómano, bisexual, pederasta y mitómano al que todos llamábamos "Monsalvo".

Monsalvo en sus últimos años. Se sentía orgulloso de haber sido uno de los creadores
de la pornografía infantil. Lo encontraron empalado en un descampado
a 3 km. de Minnesotta en la década de 1910

Desde un comienzo, desconfié de el hermano Monsalvo y él no tardó en corroborar lo acertado de mis intuiciones. Por cuestiones de espacio y de ritmo no relataré aquí todos los detalles de mi relación con él. Sólo diré que el detonante fue la pequeña Darlene, a quien Monsalvo encontró en los alrrededores jugando y la trajo para la abadía. Ya de por si, estaba todo más que mal con abandonar las instalaciones, los ejércitos del norte podían encontrar o seguir a alguno de nosotros y eso hubiese sido el fin de la Orden. Monsalvo propuso un sacrificio humano y agregó que sería más divertido porque era mujer y virgen (nosotros solíamos sacrificar a los hermanos más viejos, enfermos o depresivos, casi siempre hombres). Según Monsalvo, en cierto grimorio medieval español decía que si era una virgen, se podían pedir cosas más específicas a cambio, y que no había favor sobrenatural que no se pudiera pagar con una pequeña virgen.

Monsalvo con la pequeña Darlene.
Me corren las lágrimas cuando recuerdo a esa pequeña


En un comienzo, causó muy mala impresión y estuvimos a punto de sacrificarlo a él. Pero como buena alimaña, el hermano Monsalvo convenció a todos de que era lo más conveniente y se salió con la suya. A mi nunca me pareció divertido el daño físico a los niños porque no se podían defender y, además, no va con mis ideas. Por lo que traté de ayudarla a escapar, aunque sin éxito. Me descubrieron, me ataron. Y el miserable de Monsalvo persuadió al Gran Maestre de que me obligasen a mirar el sacrificio.

Ritual del sacrificio humano, según un daguerrotipo de fecha desconocido
que encontré en la biblioteca de la Orden


El ritual consistía en una suerte de ceremonia de despedida con cánticos, música acorde y bebidas a discresión. Luego se hacía subir a la víctima a un horno que teníamos preparado para tal fin. Creo que la costumbre venía
del horno de Baal o del Toro rugiente de la civilización minóica.

Darlene antes de que cierren la puerta del horno.
¿Por qué siempre hay un fotógrafo en esos momentos?


No quiero demorarme excesivamente describiendo cómo mis gritos de furia e impotencia llegaron a tapar los de la pobre niña mientras era quemada viva. Desde ese día, odio los sacrificios humanos y los repudio (a menos que sean castigo de algo, pero en ese caso se llaman ejecuciones). Monsalvo los estafó a todos. La niña era virgen cuando la encontró, pero no en el momento del sacrificio: Monsalvo había abusado de ella durante los cuarenta días que duraban los preparativos de la ceremonia. Fue degradado y expulsado para siempre so pena de una muerte terrible si revelaba los secretos de la Orden. A mi se me rehabilitó y se me ascendió tres grados de inmediato. Pero mi alma se había endurecido y no me seducía el brillo de un grado. Así que decidí marcharme, aunque en buenos términos. A partir de ese momento, las puertas de la Orden se cerrararon para siempre junto con un capítulo de mi juventud. Aprendí a no confiar en las personas de apodo ridículo ni en la gente que se ríe para abajo. Descubrí que no siempre es bueno aislarse del momento histórico que uno vive y que hay que ser más drástico a la hora de intervenir en lo que uno considera una injusticia. Que no hay que casarse jamás con una secta que homologa sus diferentes miembros para que parezcan una sóla cosa. Tras los pórticos de la Orden habían quedado mi juventud y mis fracasos. Ahora me esperaba la revelación.

Y seguí mi camino.

Ruinas de la sede de Maryland, Cavender Hill.
Ahora la sede está en laciudad de Brujas, Bélgica

Corría el año 1904. El general Custer y la Guerra Civil habían dejado de existir hacía 39 años. Tenía muchas cosas por aprender hasta estar a tono con el siglo que comenzaba. Decidí completar mi aprendizaje con viajes. Pero por ese entonces contaba con 59 años y nada de dinero. Aprendí a transmutar metales y a prolongar la vida. Durante ese aprendizaje, conocí a un ser que mantuvo su cercanía cierto tiempo. Alteró los componentes del ritual de la inmortalidad. Fruto de ello, nació mi hija Yararán. Pero todo eso es algo que contaré en el próximo capítulo. Los espero por aquí. Gracias por vuestra lectura.

Yararán, en su niñez: Es el vivo retrato de su padre. ¿No es hermosa?
La foto se la saqué yo


Dedicado a XABER

viernes 5 de junio de 2009

El Pozo (Un cuento del Reverendo Kane en respuesta al desafío de Frank)

Buen día, hermanos! Aprovechando un momento de relajación, interrumpo la autobiografía por entregas para responder de una vez por todas al desafío lanzado por Frank

Luego seguiré con la autobiografía.

Espero disfruten de éste relato verídico en su totalidad y logren extraer una enseñanza del mismo:



(Dale play y deleitate con la banda sonora de El Pozo)


El Pozo


Había una vez un chico al que llamábamos Billy Joe. Billy Joe era hijo del sepulturero de un pueblo sureño cuyo nombre prefiero olvidar. Su padre, Jedediah, era un hombre callado, hosco y muy trabajador, razón por la cual era estimado por sus vecinos. Jedediah había estado casado hacía mucho con una mujer- ya fallecida- cuyo única huella de su paso por la vida fue haber engendrado a Billy Joe. Billy Joe era un chico extraño. Bordeaba los quince años cuando aparentaba tener unos diez más. En contraste con su padre, éste era aún más callado y no tan bueno para el trabajo. Además, Billy Joe era extraño.

Muy extraño.

Aunque nunca iba a la iglesia, podía pasarse horas rezando al costado de un camino, desatendiendo cualquier tarea asignada. No tenía buena fama entre los adultos por su ineptitud y falta de expresión. Los chicos de su edad, en cambio, le tenían una mezcla rara de desprecio socarrón y miedo solapado. Con los años- y, especialmente, después del incidente de los pollos- la balanza fue inclinándose hacia lo segundo. Hacía tiempo que los otros muchachotes habían dejado en paz a Billy Joe para dedicarse a los bailes y a cortejar chicas. Después del incidente de los pollos, los animales tampoco le tenían mucha simpatía. En conclusión, Billy Joe estaba muy sólo.

Y estaba Annie, la hija del almacenero. La muchacha más codiciada de la zona. Una chica de bucles rubios y un cuerpo de una belleza tan insolente que ni el vestido más holgado podía disimular. Annie disfrutaba provocando incomodidad a los clientes con su intensa y penetrante mirada, razón por la que su padre la vigilaba constantemente. Con Billy Joe, todo era diferente. Annie sentía lástima por todo lo que le hacían sufrir sus pares aunque tampoco llegaba a tanto como para intentar una amistad con él. Le daba pena mirarlo a los ojos, así que evitaba ser provocativa con él. Solía regalarle terrones de azúcar con los que él se entretenía durante horas. Otras veces, cuando tenía tiempo y paciencia, le leía fragmentos de devocionarios y literatura religiosa para niños.

Un buen día, Annie fue enviada lejos por su padre. Cuando preguntaban por ella, él sólo decía: “Se fue de viaje a lo de una tía lejana que está muy viejita y sin nadie que la cuide”. Todos sospecharon que el autor del embarazo podría ser fulano o mengano, pero no hubo oportunidad de comprobar nada. Aunque el padre sabía que Annie solía tener sexo con casi todos los muchachos del pueblo en edad de merecer, tenía fuertes sospechas sobre el hijo del banquero, a quien aborrecía tanto como temía al padre. Si lograba demostrar que el hijo del banquero era el padre del hijo que esperaba Annie, pediría una fuerte dote. O, en el peor de los casos, tendría justificación para meterle un balazo en la entrepierna a ese gandul. Ese haragán que nunca trabajó, que pasaba noches enteras en el burdel del pueblo vecino, que jugaba a las cartas con dinero ajeno. Sólo quedaba esperar a que el chico naciese y ver si tenía un parecido físico.



Por esos días, se anunció en el pueblo la llegada de una compañía de espectáculos ambulante que traía la última novedad: El cine. Los vecinos se alborotaron como si estuviesen en un gallinero, no podían concebir la idea de que existiese esa máquina misteriosa que podía guardar la imagen en movimiento. Todos estaban interesados en la nueva maravilla de la ciencia. Menos Billy Joe, claro. Los pensamientos de Billy Joe se hallaban en otra parte. “Extrañará a Annie, después de todo, es la única que lo trataba como a un perro” decían todos recordando que los perros eran más respetados en ese pueblo que la gente como Billy Joe. Hubo un caso de una chica que no tenía nariz y le hicieron la vida imposible. Pero eso fue hace mucho y es preferible no recordar cosas que no debieron haber pasado. Como el incidente de los pollos, por ejemplo.



Cuando alguien le preguntó al padre de Billy Joe por qué el idiota de su hijo andaba con esa estúpida mueca de alegría, el viejo Jedediah respondía que Billy Joe había encontrado una novia y que aunque él no la hubiese visto ni estuviese interesado en conocerla, al menos dejaría en paz a los pollos de los vecinos.



Y llegó el día de la proyección. Todo el pueblo se reunió en la iglesia y, pese a las protestas del sacerdote de turno, proyectaron unas imágenes de búfalos corriendo, de ciudades europeas atestadas de peatones, de un intento frustrado de vuelo en aeroplano y de un niño robando naranjas a un vendedor. El hechizo que ejercía el cinematógrafo no dejaba lugar a la mínima distracción. No faltaba nadie en ese lugar.

Excepto Billy Joe.

Y el viejo Zed.

Estaban todos sumamente concentrados en la película cuando éste último interrumpió pegando un portazo. El viejo Zed era un veterano de la guerra civil que había perdido una pierna y no tenía otra ocupación que conseguir una botella nueva de aguardiente una vez acabada la anterior; los últimos treinta y cinco años de su vida habían transcurrido de esa manera y no era más que el borrachín del pueblo. El viejo Zed irrumpió en la iglesia diciendo que había visto a Billy Joe paseando con su novia por las calles del pueblo. Nadie le prestó atención y lo mandaron a irse a los gritos. No podían entender que se interrumpiese un evento tan importante porque el borrachín del pueblo había visto al idiota del pueblo paseándose con una novia. Lo hicieron salir y nadie hizo caso. Ni siquiera cuando uno que otro arriesgó a decir que “le pareció oir” que la novia de Billy Joe parecía del pueblo, pero que caminaba de forma muy extraña.



Una vez terminada la proyección, se fueron un rato a la taberna a conversar sobre si el cine era un invento diabólico o un regalo de Dios.

No fue hasta la mañana siguiente que se complicó todo de verdad.

Nancy, la pequeña hija de siete años del reverendo O'Hara, había desaparecido y no la encontraban por ningún lugar. Había desaparecido durante la noche. No estaba dentro de su casa a la hora del desayuno y tampoco en la cercanía.

Se organizó una partida entre muchos vecinos y sólo dieron con su cuerpecito cuando caían los últimos rayos de luz de la tarde. Lo encontraron en la zona boscosa que daba cerca de la tapia trasera del cementerio. Estaba cubierta de hojas secas y ramitas. Tenía la entrepierna destrozada con una saña tal que hasta los que habían estado en la guerra lloraron de espanto y de impresión.

El reverendo perdió el control y dirigió la turba directo a la casa del culpable. Al que había que castigar. Al que vivía en la casa más cercana. La casa junto al camposanto. El hogar de Jedediah y su hijo idiota, Billy Joe.

Lo que sucedió después fue muy confuso.

El grupo de vecinos armados entró a patadas en casa de Jedediah el sepulturero. Billy Joe estaba sentado en el piso, llorando y ésto fue interpretado como una señal inconfundible de culpabilidad por todos. Jedediah, al parecer, no estaba. Billy Joe huyó despavorido con la legión de vecinos pisándole los talones. Otros cuentan que estaba saliendo por la ventana cuando entraron. Lo cierto es que Billy Joe corrió hasta el pozo de agua y se arrojó en el.

Los vecinos, indignados, estaban armando un plan para sacarlo de allí y lincharlo en la plaza como Dios manda cuando se percataron de algo. Billy Joe no estaba solo allá abajo. Flotaban con él los cuerpos de Jedediah y de Annie, la que estaba de viaje.

Al ver que no era el único en perder un ser querido- o, tal vez, en un súbito rapto de sádica inspiración- el reverendo O'Hara retomó su habitual calma y dijo: Vamos a cerrar éste pozo y que quede donde tiene que estar.

Algunos- como el almacenero- protestaron ante la idea morbosa de dejar tres cadáveres flotando en el aljibe. Otros, consideraron que no estaban tan lejos del cementerio como para hacerse la idea de que era una tumba poco ortodoxa. El reverendo los convenció y se pusieron a tapar el pozo con tablas, clavos y ladrillos.

Todavía se podía oír a Billy Joe gritando cuando taparon el último intersticio. Gritaba cosas como “le hice el amor una sóla vez” “no la lastimé” “estaba lastimada cuando la encontré”. Nadie prestó atención a las justificaciones cobardes de un infradotado. Sólo el viejo Zed quedó pensativo cuando mirando la cara de todos, notó cierto nerviosismo en Alfred, el hijo del banquero. Pero era consciente de que había cosas que eran preferible callar. Como el incidente de los pollos.


¡Atención!

Le paso el desafío a:

Xaber,Verónica Salinas, La última de la fila,

Lux Aeterna, Ananda, Alfred

y

Walterio

Casi todos saben de qué se trata. Por si alguien no, la cosa es simple. Hay que escribir un relato libre y ficcional que incluya las siguientes palabras:



Vida, Viaje, Literatura, Cine, Amor, Sexo

Aunque la consigna decía que había que pasárselo a seis personas, yo he decidido agregar un séptimo participante, que es el señor Walterio. Me interesa su estilo y no me di cuenta de ponerlo antes. Como tampoco quiero quitar a nadie de los mencionados anteriormente, agrego un participante más, espero que nadie se moleste por esta pequeña licencia que me he tomado.


Dedicado a EDUR (In memorian)


lunes 18 de mayo de 2009

Maldito, alucinado y heterodoxo: La vida del reverendo Kane contada por él mismo. PARTE I

Introducción


Bienvenidos una vez más.
No tienen una idea la satisfacción que me produce verlos por aquí nuevamente.
Después de muchas idas y vueltas, he decidido publicar mis memorias por entregas. Me sería imposible resumir 163 años de recuerdos y vivencias en pocas líneas.
Tuve que desenterrar varios arcones con fotos de familia, fue un viaje al país de la memoria. Qué banalizados están los términos identidad y memoria... en fin, no seguiré desvariando.
Quien quiera leer el primer capítulo de mis humildes memorias, descubrirá que he sido un activo participante de mi época, testigo de mis contemporáneos. Relataré luego- a la manera de una bildungsroman- mis años de aprendizaje y el descubrimiento de la fe verdadera. Luego me explayaré sobre cómo aprendí a reconocer a los sicarios del maligno y a combatirlos de la forma más eficaz.
Bendiciones.
PARTE I

Los años de infancia. Origen. Ascendencia. Primeros pasos. Contexto familiar.


Mi nombre es Kane, Henry Beauford Kane.
Nací en la bodega de un barco a mitad de camino entre Europa y América del Norte un día de mediados de diciembre de 1845, por lo que nunca me decidí a sentirme europeo ni americano, sino lo que me conviniese en el momento.

John Kane, mi padre

Mi padre, John Kane, era un campesino anglicano proveniente de Escocia, que tuvo que huir por haber matado en duelo a un noble inglés cuya identidad se ha perdido. Mi madre, Ana Vetsera, fue una luterana fanática nacida en Hungría. Cómo se conocieron es aún un misterio para mi.



Ana Vetsera, mi madre

Lo primero que hizo mi padre al llegar a EEUU fue comprar unas tierras en el sur y dedicarse al cultivo del algodón y el tabaco. Así que fue en un medio rural, disciplinado, austero y muy religioso el lugar en donde me crié.

Mi hogar paterno

Los años de mi infancia fueron muy duros para mi padre, ya que además de trabajar muchísimo para poder levantar la plantación, la granja y poder consolidar una buena posición, se enfrentaba al peligro de los esporádicos levantamientos de los esclavos negros que servían a nuestra familia.

La plantación de mi padre

Por suerte, mi padre no estaba sólo. Sabía asociarse con la gente y pertenecía a un grupo de mutua protección, gracias al cual pocas veces llegamos a estar realmente en peligro.
El Klan, mi segunda familia

Mamá me enseñó a llamar "tío" a cada uno de los amigos de mi padre que pertenecía al Klan. Y la verdad que fueron como tíos para mi. No sólo me cuidaron en diferentes momentos, también solían comer en casa y me hacían muchos regalos.
Uno de ellos, cuyo nombre por desgracia no pervive en mi memoria, sacó la primera fotografía, el primer retrato de mi vida. Lo recuerdo bien, fue a fines de 1849, diez días después de mi cuarto natalicio.
Aquí estoy yo, con cuatro añitos, en la Nochebuena de 1849.
El trajecito fue confeccionado a mano por mi madre.


A pesar de que papá era un hombre hosco, rudo y que casi no hablaba, siempre tuvo una conducta recta e intachable y a veces hasta se permitía tener algún gesto de ternura. Recuerdo cuando me llevó a ver mi primer linchamiento. Ahora, con éstas modas ridículas de los derechos humanos y gazmoñerías por el estilo, estaría muy mal visto. Pero no hay que perder de vista que en 1850 era quizás el único entretenimiento que podía tener un niño. Hasta mis veinte años no tuve oportunidad de ver un circo, por ejemplo, y los parques de diversiones aún no se habían inventado.

Linchamiento: Soy el que está de negro, justo al medio,
tocando con mi mano el hombro del hombre de corbata que está delante, a mi izquierda.



Linchamiento: Aquí aparezco asomando la cabeza por sobre el hombro de mi padre,
justo al lado del negro de la derecha.
Qué tiempos aquellos. Los hombres de antes sí que sabíamos divertirnos.


Justo es aclarar que, si bien la mayoría de los linchamientos se efectuaban por cuestiones lúdico-recreativas, también tenían una importante función social al mantener a raya a esos negros orgullosos y taimados que hasta el día de hoy no pueden entender que los colonos debíamos protegernos.


William Frederick Cody (más tarde, conocido como Buffalo Bill)
Nuestros padres erean amigos y, de hecho, nacimos en el mismo año.
Nunca fuimos grandes amigos, pero me caía simpático

Todo marchó sobre rieles hasta comienzos de la guerra civil, en 1861. Los malditos norteños desencadenaron una guerra cruel y absurda con la excusa de que había que abolir la esclavitud. Yo tenía apenas dieciséis años y fue muy poco lo que pude hacer en el momento. Me tocó ser testigo de las atrocidades de la guerra y de cómo violaron y desmembraron a mi madre. Los norteños se ensañaron con ella, mientras la llamaban por apodos ignominiosos como: "bruja del este", "carnicera húngara", "hiena sangrienta", "dama del látigo" o "señora del potro". Es verdad que mamá tenía un carácter bastante duro- productos de las privaciones que sufrió en su aldea natal- y que, a veces, solía excederse en la forma de castigar a los esclavos. Mi padre la dejaba hacer porque despreciaba a las mujeres de carácter débil. "Además-decía siempre- se la ve contenta".
Luego de incendiar toda nuestra granja, los soldados norteños atraparon a mi padre (que estaba escondido en un granero) y lo ejecutaron de un disparo en la cabeza junto a un par de amigos suyos del Klan.


Aunque parezca increíble, siempre hay un fotógrafo oportuno a pedir de boca.
Mi padre es el primero de la izquierda.


Decidí que ya había tenido suficiente de toda esa porquería y marché a vagabundear por los bosques. La sociedad humana me parecía un mundo hostil.
El mundo que los tíos del Klan me habían descripto estaba llegando a su fin y yo debería adaptarme o desaparecer. Como no me sentía preparado para ninguna de las dos cosas, me interné en los bosques más espesos, densos y profundos de Maryland.
Los bosques de Maryland son ahora un lugar donde uno corre el riesgo de perderse y morir, pero en 1865 eran verdaderamente incomensurables.

Ahí fue donde tropecé con la revelación que me convertiría en el hombre que hoy soy. El espaldarazo inicial para una larga vida dedicada al estudio, la meditación, el espíritu y la sabiduría.


Continuará...

DEDICADO A LUX AETERNA

viernes 17 de abril de 2009

Historia de Valérie o de cómo el Reverendo Henry Kane encontró el amor para después perderlo y quedar peor que antes

"Nada me importa, nada me importa...
sólo te recuerdo hasta que muera"
-Sé que no- Todos Tus Muertos-
Hermanos míos, hoy vuelvo al templo después de meses de ausencia (estuve de viaje por Europa del Este, reuniendo parientes y deprimiéndome) y he decidido relatarles una historia muy personal poco después del más infeliz aniversario que tengo.

Interiormente, estoy desintegrado.
Veinte años han pasado ya del deceso de la mujer cuyo recuerdo ocupará el resto de mis días.

Valérie Quennessen
Retrato de Valérie (circa 1983).
(Fotografía de Pierre Molinier)
Nacida el 3 de diciembre de 1957, había dedicado la totalidad de su infancia a la actividad física. Para vencer la timidez, decidió tomar clases de teatro. Como alumna aventajada que era, decidió que su vocación sería esa. Estudió en el Conservatoire National d'Art Dramatique de Paris, recibiéndose en 1978.

Valérie solía poner esta expresión cuando yo le explicaba
algún punto de teología o fonética cimmeria.

Nos conocimos gracias a un amigo en común- John Millius- que me pidió asesoramiento sobre mitología cimmeria durante el rodaje de "Conan, the Barbarian".
Corría el año 1982 y Valérie abandonaba su prometedora carrera de acróbata para incursionar en la actuación. No sería su primera experiencia en el cine ni la última. Alcanzó a trabajar en 11 películas, la mayor parte de ellas, cameos (como el caso de "Los unos y los otros", de Claude Lelouch).
Pero fue en el plató de Conan cuando la vi por primera vez.
Llevaba una tiara, túnica y serpientes en las manos.
Parecía una diosa malvada de tiempos remotos.
No era para menos, el film transcurría en la mítica edad del bronce y Valérie encarnaba el papel de la caprichosa princesa Yasimina, hija del rey Osric (Max von Sydow), quien encarga a Conan y a sus compañeros que la rescaten de la secta de los adoradores de Seth, liderada por Thulsa Doom (James Earl Jones en su mejor trabajo).

John Millius y Valerie Quennessen en un descanso del rodaje.
John tenía uno de los primeros walkman y le estaba haciendo escuchar
a Valérie algunos fragmentos de lo que sería la magnífica banda sonora
de Basil Poledouris. (Foto sacada por Henry Kane)
Haciendo retrospectiva, sospecho que mi amigo Millius (a quien conocí en un mitín de la NRA) me tendió una trampa al presentarme a Valérie.
La única mujer que logró romper con la abstinencia que mantuve desde la lejana década del '80 del siglo XIX.
Valérie, que me probó que existía un paraíso y que estaba dentro suyo.
Mi primer contacto con ella fue haciéndole las marcaciones del ritual de la serpiente en la escena de la orgía. Jamás olvidaré el golpe de picana que sentí en mis manos la primera vez que toqué sus brazos para hacerle una indicación. Quedó grabado a fuego en mi memoria física tanto como en mi retina la fulminante mirada verdosa que me dedicó. A menudo suelo acariciar algún enchufe roto o cable pelado porque las descargas son lo único que pueden suplir la ausencia de su piel.

La llameante mirada de Valerie en su máxima expresión
(Retrato de José Luis Cabezas)
Confieso que, en principio, yo no le simpaticé para nada. Ella, a mi, me inspiraba una mezcla rara de atracción y desprecio. Resultado de todo esto es que no me molestaba en acercármele.
Pero Crom es más grande y sabio y, luego de una aguerrida discusión sobre la correcta pronunciación de la liturgia pagana- no olvidemos que el cimmerio es lo más lejano al francés, y Valérie era 100% francesa- ella me dió una sonora bofetada y yo le repliqué de la única forma que se debe hacer en situaciones como esa: la tomé de la cintura y la besé si misericordia. Ella se resistió como por acto reflejo, pero luego entró en una especie de trance. Un trueno apocalíptico quebró el hechizo y señaló el final de la jornada. Estábamos rodando al aire libre en Almería (España) y la lluvia nos castigó como si tuviese un problema personal con ese amor que recién daba sus primeros pasos.
Secar los rojizos cabellos de Valérie fue una experiencia que marcó un antes y un después en mi larga vida.
Su perfume.
Ese olor sin olor.
Valérie tenía un carácter tan altanero y orgulloso como soberbio y extraño era su rostro.
Su majestuosa estatura. Ese timbre de voz que recordaba el canto de las criaturas mágicas que ya no corresponden a esta era, a éste mundo, y están condenadas a desaparecer lo antes posible.
Valerie, altiva, ante el pórtico de Seth
Cuando conocí a Valérie en la intimidad me di cuenta que estaba sentenciado para el resto de la eternidad. Su modo tan suave de despertar mis sentidos, cuidando de no sobresaltarlos pero preparándolos con minuciosidad para un interminable viaje al mundo de los placeres sensuales es algo que atormenta mis mañanas hasta el día de hoy.


Valérie y yo abrazándonos durante un picnic. Nunca más mis
brazos volverán a contener ese espacio que ocupaba su cuerpo. Nunca más.
(Foto casual sacada por Henri Cartier-Bresson que fue invitado al picnic)
Supe que haber cruzado océanos de tiempo no fue en vano.
Tuve la certeza de que no volvería a experimentar eso más que una limitada cantidad de veces antes que el hacha de Crom divida nuestros caminos para siempre.

No pasó mucho tiempo y los hechos se adelantaron a mi intuición- ya de por si- agorera.

Thulsa Doom y la princesa Yasimina en el templo de Seth
(Foto de Henry Kane)


Juramos por todo el panteón de deidades paganas del mundo antiguo que dedicaríamos el resto de nuestras vidas a convertir éste mundo en nuestro paraíso personal.

Por ese entonces, contaba yo con los conocimientos necesarios para prolongar la vida humana por tiempo indefinido.

A Valérie le disgustaba la idea de hacerse inmortal antes de conocernos más.

"No sé, Henry, si quiero la inmortalidad ahora...

recién nos estamos conociendo... "

Durante el tiempo que duró el rodaje, nos dedicamos a explorar ruinas y templos antiguos de la zona (más adelante, esta costumbre la llevó a encontrar piezas de 3500 años de antigüedad en la locación griega en que se filmó Summer Lovers).
Se podría decir que fui feliz más allá de las palabras y las sensaciones físicas.
Pero como toda sopa tiene su mosca, algo comenzó a fallar.
Debí sospecharlo la primera vez que generó una distancia, argumentando un supuesto flirt entre Nadiuska y yo.

Roswicha Bertasha Smid Honczar, más conocida como Nadiuska.
Actriz germano-ruso-española que interpretaba a la madre de Conan
Yo me negaba a ver una realidad que era obsenamente visible para el resto del mundo. John y el resto del staff comenzaron a ponerse nerviosos y hasta Arnold se contagió de mi ánimo tenso, hiperexcitado y susceptible.
Arnold y Valérie se hicieron buenos amigos, aunque con el
tiempo se distanciaron, aquí los vemos dando un paseo por el set
El día de la fiesta de fin de rodaje, la venda cayó de mis ojos como el velo de Isis y desperté. Si entrecierro los ojos, todavía puedo ver a mi Valérie- que estaba, además, embarazada de dos meses- del brazo de ese apuesto muchacho cuyo nombre ignoro.

Valérie con su despreciable novio. Nunca supe su nombre, pero sospecho

que es él y no yo el verdadero padre de Calvin Kane. (Foto de David Hamilton)

Yo maldije en setenta lenguas muertas diferentes antes de retirarme de la fiesta. Que me engañe y me abandone para quedarse con un muchacho bronceado e ignorante (Ni siquiera sabía quien era Eliphas Levi!) fue más de lo que mi centenaria mente pudo soportar.

Max von Sydow trató de detenerme, pero ya mi alma estaba rota.

Ya nada sería lo mismo.

Valérie partició en un par de filmes más sin demasiado éxito.

Luego se dedicó a la vida familiar.

Cuando traté de contactar con ella, se había esfumado, cortando toda vía de comunicación o puente entre nosotros.

El 15 de marzo de 1989 un auto la atropelló.

Murió en el acto.

Tenía 31 años.

Todavía la lloro.



Federico Klemm:

No tuvo nada que ver con esta historia